La llegada a Toronto

La llegada a Toronto

Corría el año 2010 y yo tenía la edad de 21 añitos, super jóven y con ganas de descubrir un nuevo mundo y conseguir mi Sueño Americano particular Canadiense ya que aunque la idea principal de aquel verano era practicar y aprender inglés en Toronto, uno de los motivos por lo que elegí Canadá como destino era ese: Concer cómo viven los americanos en su país. Canadá justamente no es EEUU que es a donde inicialmente quería ir (a Chicago concretamente) pero mi padre, que de números sabe un huevo, me mandó para Canadá porque la diferencia de precio era notable y para el caso que era aprender inglés… pues ahí que fui.

Para nada esto me desanimó, al fin y al cabo era una cultura muy similar a la Americana y era la primera vez que viajaba solo en un vuelo directo de Madrid-Toronto yo solito. Se supone que con la escuela ya había atado todo, la familia a la que iba, el taxi que me recogería del aeropuerto a la casa, el comienzo de clases el lunes (ya que llegaba un Viernes) y todo todito atado. Un plan sin fisuras.

Bueno, una vez ya aterrizados en el Aeropuerto de Toronto llamado Pearson International y aún estando dentro del avión, una sensación vino a mi cabeza:

“Chaval que estás en Canadá! Sabes lo que significa eso? Aquí todo es diferente y todo es a lo grande! Olvida tu vida de Euskadi porque aquí es otro mundo! Joder, que estoy en Canadá! Un continente nuevo, una aventura nueva… la leche!! Que buena Ander! Lo vas a pasar genial!! La vida Americana te espera!”

Y con esa sensación increíblemente buena me bajé del avión y respiré por primera vez aquel aire puro y fresco canadiense.

Una vez ya recogida mi maleta, salí de lo que es el aeropuerto y ahí fuera vi a un tio que tenía mi nombre tal que así:

Por lo que me acerqué y le dije que era (por casualidad) el tío que llevaba escrito en su cartel. Me saludó y fuimos a su minifurgoneta negra. Me abrió la puerta y ahí había otros dos chicos más a los que saludé diciendo el típico “Hi!” que se dice en el idioma inglés. Si es que estaba hecho ya prácticamente un Canadiense! En 20 minutos me había hecho a su cultura fácilmente jajaj.

Los chicos también me saludaron y después empezaron a hablar entre ellos en su idioma. Que era… Español! jajaja eran mexicanos!

Yo les empecé también a hablar en Español y se sorprendieron. El trayecto duraría unos 30 minutos y en ese tiempo me comentaron que ellos también iban a estudiar inglés pero a otra academia diferente a la mía. Y luego el tema de conversación que a ellos más les interesaba eran las chicas.

“Bua eres español? Menudas chicas hay en España eh? Muy muy bonitas y guapas ojalá conociera a alguna!! Pero tú tranquilo, aquí en Toronto también están muy buenas ya lo verás, tengo unas ganas de conocer a chicas Canadienses… a ver como son!”

Eso estaría bien si no fueran porque aquellos dos chavalitos eran dos pre-púberes con una edad de… que sé yo, 14 años? Es que tenían el típico aparato de cuando eres chaval y te ponen para arreglar los dientes? Los típicos brackets esos? Pues esos y el otro con la cara llena de acné. Se reían maliciosa y divertidamente de lo que decían, con una actitud muy dispuesta a encontrar alguna chica en Toronto, aunque tenían pinta de que lo de ellos solo era hablar y no actuar (a ver son críos, quién va a querer hacerles caso a esos chavales?).

No sé supongo que estarían salidos, pero esa situación fue surrealista, dos chavalillos hablandome de tías a mi, que también era jóven pero que pasaba de esos temas, la verdad. Esta pinta tenían los chavales más o menos:

La casa

Total que llegamos a la casa donde me tocaba hospedarme (era el primero en bajar) y nos despedimos todos, no antes de que los mejicanos me gritaran que:

“a ver si te toca una hija pivón de la dueña!!”

Y yo me reí y me despedí de ellos. La casa era muy parecida a la que he contado en mi post de Vancouver. Una casa particular, con su parcelita, sus escaleras hacia la puerta de entrada y su jardín trasero muy cuidado.

“Bueno, pues por fin estoy aquí. Está será mi casita y mi refugio en esta primera aventura mía Canadiense. Ahí voy”

Me empecé a acercar a la puerta para llamar pero de repente un pensamiento me inhundó la cabeza:

“Eh y que pasá si es verdad? Lo que han dicho los mejicanos de que la dueña de la casa viva con alguna hija que esté cañón y de mi edad? Joder vaya palo no? Y si después pasa algo entre nosotros? Joer vaya situación no?”

Por un momento me emocioné pensando aquello, porque claro, a mi también me gustaban las chicas y poder coincidir con una tiabuena en mi propia casa pues estaría bien la verdad! (el efecto de los niños mejicanos había hecho ya efecto en mí).

Porque al fin y al cabo, lo único que sabía sobre mi familia de acogida era el nombre de la señora que me iba a acoger: Leonora.

También recuerdo su apellido, pero no lo voy a poner por temas de privacidad y tal, pero por el apellido, podía pensar que sabía Español (Aunque la escuela nos había asegurado de que no mandan los estudiantes a casas donde tengamos el idioma en común con las familias, pero quién sabe).

Así que con esa intriga llamé al timbre y rápidamente me abrió una señora bajita (y mira que yo no soy alto eh, 1` 72) dandome la bienvenida y abrazandome y todo eso.  Era una señora Filipina, que usaba unas gafitas oscuras y que era muy risueña la verdad.

La verdad que muy buena primera impresión. Yo le regalé algo que le había traido del país vasco, una especie de álbum con fotos que me había recomendado mi padre para que le pudiera enseñar las montañas y los paisajes de aquí, pero sinceramente, aunque lo aceptó encantada dudo que alguna vez haya abierto aquel regalo mío.

Ya dentro de su casa ya me presentó a sus 3 hijos (creo recordar).

El primero, el mayor, que tenía una coleta larga. Es de lo único que me acuerdo. Trabajaba fuera y ya tenía familia, por lo que fue la primera y última vez que le vi. Sobre unos 35 años.

El mediano ni me acuerdo la verdad, incluso podrían haber sido 2 hijos, pero que va, tengo el recuerdo de que ahí había más gente, por lo que podría más o menos asegurar de que tenía otro hijo (el hijo imaginario lo llamaremos). No, tampoco me acuerdo de él y si aquel día lo llegue a ver, tampoco lo volví a ver nunca más. (Básicamente porque es imaginario, jajaj).

Y el más jóven, llamado Chad de unos 28 años. Chad, aparte de tener rasgos asiáticos (Como todos), vivía en la misma casa de Leonora, peeeero, en el piso de abajo. Es decir, la casa era, piso central, donde se encontraba la sala, el comedor, piso de arriba donde estaba la que iba a ser mi habitación y el bajo, donde estaba la Casa de Chad. Me lo enseño y era efectivamente un bajo convertido en una mini casa, con un cuartito pequeño para dormir, una sala con una playstation y varios utensilios de videojuegos, una tele buena y una minicocina que no sé como podía cocinar ahí y un bañito que era la lavandería.

Por lo que eran dos casas “independientes” se supone y me dijo Chad que bajara y le llamara cuando necesitara algo. Sobra decir que no le llamé ninguna vez (Bueno, una creo que si, pero no me acuerdo) y Leonora y Chad vivian felices, cada uno a lo suyo, pero felices. Chad también entraba a la casa por la puerta trasera del jardín, por lo que tampoco pisaba la sala de la casa de Leonora y muchas veces ni se veían.

Pero aquí no acaba la cosa! Chad vivía con su mujer que en aquel momento no estaba (Aunque luego sí que la vi y era rubia-rubia, Canadiense total pero con un sobrepeso no tan tan excesivo pero estaba gorda). Por cierto, Chad no estaba gordo, pero se veía a leguas que deportista tampoco era, le sobraban unos pocos kilios, aunque no tanto como a su mujer. El nombre de la mujer ni idea. Lo bueno es que si para 2 veía un poco justo la habitación de dormir de “la casa de Chad” que me enseñó, no me imaginaba a nadie más ahí. Pero resulta qué su mujer tenía a un bebé de unos pocos meses!! Pero eh, que os creéis, que era el primer hijo de Chad? NO!

Chad con su anterior esposa/Novia/ligue o lo que sea, tuvo 2 hijos, James de 11 años y Carla de 10. Ellos a veces también dormían allí (aunque no muy a menudo) cuando les tocaba estar con Chad. De estos hablaré más adelante (Que incluso les tengo en el facebook  hoy en día y alguna vez cuando les veo por ahí observo lo mucho que han cambiado).

Pero como coño iban a caber semejante tropa en un sitio tan minúsculo? No tenía sentido! Pero bueno, no sé como lo harían. Me suena que Chad me dijo que el a veces dormía en su “salón” de alguna manera y en alguna posición extraña, no lo sé, pero el caso es que lo hacían.

Bueno, después de esta breve explicación sobre la vida de Chad toca ir al grano: la comida de bienvenida. Después de presentarme a sus hijos, Leonora me pidió disculpas porque su única hija, estaba fuera y no podía recibirme, pero que mañana sin falta me visitaría. Entonces, es verdad!! La hija, la hija!!! Era la hija de la que hablaban los mejicanos!! La profecía se iba a cumplir!!

Total, que la comida fue comida típica Filipina (que ni me acuerdo) y un bol con lo que parecía una ensaladita de lechuga, pero eso no era lo interesante. Lo interesante era que utilizaban 5 salsas diferentes (Sin exagerar) para echarle a aquellas tristes hojas de lechuga!! La mesa se llenó de repente de botes de yoquese que eran aquellos, una salsa blanca de yogurt, otra que era ketchup pero que no era, otro de color marrón de no sé qué… total que aquello parecía la fiesta de las salsas en bote. Más que comida Canadiense o Filipina lo que parecía era una degustación de salsas. Ya tenía mi futura profesión canadiense en mente: Catador de salsas….

Bueno pues después de aquella comida o más bien, salseo, todos se fueron (excepto Chad) y como aquel día era viernes y el lunes siguiente iba a ir a la escuela, quedamos en que Chad y su hijo James, me enseñarían la trayectoria de la casa hasta la escuela, por lo que tenía ya un paseito programado (porque claro, la casita de Leonora, no estaba en el Downtown que es como se conoce a la metrópolis de la ciudad y había una trayecto de una hora y media desde casa hasta la propia escuela, casi nada).

Y así fue mi primer día en Toronto, bonito, feliz e ilusionante. Subí arriba, deshice mi maleta me instalé en mi nuevo cuarto grande, bastante espacioso y me tumbé en mi cama de matrimonio elegante, pensando en el siguiente día, sábado.

Eh!! y ojo, que viene la Hija!